Principio y fin.
Debo decir que hace mucho no sentía lo que era tener el corazón muy roto y vuelto mierda, porque me prometí que no sucedería de nuevo. Pero aquí me tienen, rompiendo todas las promesas que me hago, volviendo a escribir estando muy rota e irónicamente cursi, tanto que me desconozco.
Para ser sincera, no logro recordar desde cuando empezó. Lo interesante de enamorarse es no notar el estado en el que se entra, sino hasta que se sale de él, y es en ese momento que empieza la introspección y emergen sentimientos de culpa, ansiedad y tristeza desenfrenada en los que se siente morir en vida, pero logra superarse con el tiempo.
Me recuerdo siendo feliz, bueno, felices de hecho. Sentía que no me faltaba nada, pues él, inconscientemente, me mostró una parte de mí que hace mucho deseaba lo que en ese preciso momento tenía. Los besos, los abrazos, la sonrisas y la química me convencieron de que ese instante podía llamarse plenitud.
En todo ese tiempo amé mil cosas y sentí en carne propia como el amor realmente puede transformar personas. Se convirtió en mi principio y mi fin.
Desafortunadamente, las personas se equivocan más de lo que realmente quisieran y, como es de entender, no todos tienen la capacidad de perdonar. Con el tiempo, las cosas se transformaron tanto que tuvimos la plena seguridad de que nunca volverían a ser como antes. Fue lo último en que coincidimos.
Y si hoy me preguntan, no podría ocultar que lo quiero, perdida e irremediablemente (o al menos, eso creo). Pero desear que vuelva es igualmente proporcional a mi deseo de que salga de mi mente, de mi piel y hasta de mis huesos.
Con el tiempo entendí que así como el amor transforma, el desamor también, y hasta destruye. Ya ni siquiera intento conciliar el sueño porque dormir no ayuda si es el alma la que está cansada.
Sé que no se elige, pero puedo jurar que enamorarme ha sido la decisión más arriesgada que tomé, porque sabía que iba a doler, pero en su momento se sintió muy bien y creo que volvería a caer. A fin de cuentas, me proclamé reincidente hace mucho.
En todo ese tiempo amé mil cosas y sentí en carne propia como el amor realmente puede transformar personas. Se convirtió en mi principio y mi fin.
Desafortunadamente, las personas se equivocan más de lo que realmente quisieran y, como es de entender, no todos tienen la capacidad de perdonar. Con el tiempo, las cosas se transformaron tanto que tuvimos la plena seguridad de que nunca volverían a ser como antes. Fue lo último en que coincidimos.
Y si hoy me preguntan, no podría ocultar que lo quiero, perdida e irremediablemente (o al menos, eso creo). Pero desear que vuelva es igualmente proporcional a mi deseo de que salga de mi mente, de mi piel y hasta de mis huesos.
Con el tiempo entendí que así como el amor transforma, el desamor también, y hasta destruye. Ya ni siquiera intento conciliar el sueño porque dormir no ayuda si es el alma la que está cansada.
Sé que no se elige, pero puedo jurar que enamorarme ha sido la decisión más arriesgada que tomé, porque sabía que iba a doler, pero en su momento se sintió muy bien y creo que volvería a caer. A fin de cuentas, me proclamé reincidente hace mucho.
Por supuesto, no espero que quien inspiró esto lo lea, ni que traten de adivinar de quién se trata. Al final, todo esto será algún día simplemente letra muerta y el recuerdo de otra de las tantas historias de amor que fracasaron por la cobardía de sus protagonistas.
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